¿Es Palacios en el Cielo un falso documental steampunk? ¿Y qué demonios tienen que ver el apocalipsis zombi y Batman con mi nueva novela gráfica?
He contado aquí, a grandes rasgos, de qué va Palacios en el Cielo: una novela gráfica steampunk ambientada en la Revolución Mexicana, una obra que ya superó las 300 páginas y que estoy escribiendo y dibujando completamente yo. Sí, suena a locura. Lo es. Y justo por eso sigo.

El inundado valle de México y la Ciudad de los palacios flotando en el cielo.
Esta historia nace de un cómic corto que publiqué en Dictadura de Vapor, una antología steampunk situada en el periodo histórico conocido como el Porfiriato. Después vino un intento más ambicioso: Palacios en el Cielo: Corazón. Ese proyecto no vio la luz. Se quedó en pausa, archivado, respirando lento. Pero la semilla ya estaba ahí, esperando el momento correcto para romper el suelo.
I. ¿Por qué un falso documental steampunk?
Alrededor de 2021 me topé, casi por accidente, con una serie de videos en YouTube que me dejaron clavado. Eran parte de un falso documental inspirado en el libro Gotham: 1919–1939, de Russall S. Beattie y publicado por Giant Panda King. La premisa es brutal: ¿qué habría pasado si Batman hubiera existido de verdad entre 1919 y 1939 en Estados Unidos?

La portada del libro Gotham 1919-1939
Lo que me atrapó no fue solo la idea —que ya es potente—, sino la ejecución. Esa estética retrofuturista, ese cuidado por el detalle, esa manera de tomar algo que todos conocemos y bajarlo a tierra, hacerlo tangible, incómodo, casi creíble. No era un fan art bonito: era una grieta en la realidad.
Recorrer esa Gotham era como caminar por un archivo vivo. No solo ves la ciudad: la sientes. Hay tensión, hay historia, hay heridas. Y eso me hizo ruido en la cabeza. Del bueno.
Tanto el libro como estos videos proponen una idea fascinante: imaginar cómo habría impactado histórica y culturalmente la figura de Batman si realmente hubiera existido en los Estados Unidos entre 1919 y 1939. Lo que más me llamó la atención fue la manera en que esta obra logra sentirse tan cercana y, al mismo tiempo, tan inquietante.
A través de una estética retrofuturista muy cuidada, nos presenta rostros familiares y reinterpreta historias que muchos conocemos por los cómics, las series animadas y las películas, pero desde una perspectiva completamente distinta, más humana y, en cierto modo, más tangible. Es como si de pronto ese universo ficticio se filtrara en nuestra propia historia. Recorrer Gotham en este contexto se vuelve una experiencia profundamente inmersiva.
No solo observamos la ciudad, sino que casi podemos sentir su atmósfera: sus tensiones, sus sombras, su historia viva latiendo en cada rincón. Como espectadores, nos invita a mirar más de cerca, a cuestionarnos qué habría significado realmente la presencia de un personaje como Batman en un mundo marcado por conflictos, cambios sociales y momentos decisivos. Las imágenes, además, son simplemente impresionantes. Hay un nivel de detalle y dedicación que transmite una enorme pasión por el proyecto, y el libro en sí mismo se percibe como una pieza visualmente poderosa, de esas que no solo se leen, sino que se contemplan y se sienten.
Ahí fue donde algo hizo clic.
Había algo en ese libro que me atrajo mucho y que me hizo pensar nuevamente en Palacios en el Cielo.
Porque el formato de falso documental (mockumentary) siempre me ha interesado: permite construir verdades parciales, versiones contradictorias, testimonios que no encajan del todo… y justo ahí, en esa fricción, aparece algo más cercano a lo real.
Entonces recordé otro libro que leí hace unos años y me marcó: Guerra Mundial Z, de Max Brooks.
Si viste la película de 2013, olvídala. No tiene nada que ver.
El libro es otra cosa. Está construido como una serie de entrevistas: testimonios recopilados después de una guerra global contra una plaga zombi. Cada voz cuenta una parte del desastre. Ninguna tiene la verdad completa. Algunas se contradicen. Otras mienten. Y el lector tiene que armar el rompecabezas.
A través de estas voces, se revive una larga década de lucha angustiante, tal como la experimentaron personas de distintas partes del mundo. Cada relato no solo comparte vivencias personales, sino que también refleja los profundos cambios políticos, religiosos y medioambientales que marcaron ese periodo, mostrando cómo la humanidad intentó adaptarse, resistir y reconstruirse.
Eso me voló la cabeza.
Porque ahí entendí algo: no necesitas mostrarlo todo. A veces basta con escuchar a quienes sobrevivieron.
II. La decisión: contar desde las grietas
Ahí fue cuando lo decidí.
Palacios en el Cielo no iba a ser una historia tradicional. Iba a ser un falso documental steampunk, contado a través de entrevistas. No desde los héroes. No desde los grandes nombres. Desde la gente de a pie. Desde los que estuvieron ahí y salieron… más o menos vivos.
Porque esa es la pregunta que realmente me interesa:
¿Qué pasa con quienes no salen en los libros de historia?
El mundo que planteé ya lo tenía desde antes:
Hace 16 años, la Ciudad de México colapsó.
Se hundió. O la hundieron.
Hay versiones: una falla en el drenaje, perforaciones petroleras, un atentado fallido contra Porfirio Díaz… o algo mucho más perverso: una acción deliberada del propio régimen para elevar la ciudad y convertirla en una fortaleza flotante.
Arriba, el poder.
Abajo, el país que se desmorona.
Una ciudad amurallada en el cielo, sostenida por tecnología imposible. Símbolo de progreso… o de control absoluto.
Y entonces empecé a hacerme preguntas:
¿Cómo vivió eso la gente común?
¿Qué cuenta alguien que perdió todo?
¿Qué cree alguien profundamente religioso?
¿Qué inventa alguien para sobrevivir?
Porque sí: me interesa que haya versiones sesgadas. Me interesa que haya contradicciones. Me interesa que algunos personajes mientan.
La verdad absoluta es aburrida.
La memoria, en cambio, está llena de grietas.
III. Rosalía Salvatierra: la voz que ordena el caos
Con esa estructura clara, necesitaba un eje. Una voz que conectara todo sin domesticarlo.
Así nació Rosalía Salvatierra.
Una reportera que vivió el Porfiriato durante su infancia en carne propia y que ahora, años después, se dedica a recopilar testimonios. No para limpiar la historia, sino para exponerla. Para dejarla abierta, incómoda, viva.
El nombre no es nuevo.
Lo tomé de un personaje que creé en 2013 para Siderales, un proyecto de microrelatos sobre colonización espacial y terraformación. En ese entonces, Salvatierra era parte de un grupo de terraformadores sin escrúpulos. Me gustaba la ironía del apellido.

Así lucía Rosalía Salvatierra en su etapa terraformadora en 2013.
Ahora, esa ironía se queda… pero el peso es otro.
Esta Rosalía carga cicatrices. No es una observadora neutral. Es parte de lo que está documentando. Y eso lo cambia todo.

Rosalía Salvatierra
En ella descansa buena parte del pulso de este falso documental steampunk que es Palacios en el Cielo. Un personaje fuerte, sí, pero también fracturado. Como el mundo que intenta entender.
Y curiosamente, cuando encontré su voz… todo empezó a fluir.

Una de las páginas de mi nueva novela gráfica.
He estado usando este espacio para compartir avances reales: lo que funciona, lo que no, lo que duele, lo que emociona. Porque hacer una novela gráfica ambientada en la Revolución Mexicana a modo de falso documental steampunk es mucho más que dibujar páginas. Es sostener una idea durante años sin soltarla, incluso cuando parece que no va a ningún lado.
Si te interesa ver cómo se construye algo así, desde adentro, sin maquillaje… este es el lugar.
Nos leemos pronto.
Resistir es existir.
— Héctor Santarriaga
Abril 2026













